El patio de Clavelina

Qué bien huele, y que pena que el olor no se pueda enviar a través de la pantalla. Son las 12 del medio día y parece que se acerca una buena reunión familiar, de esas con una mesa kilométrica, llena hasta los topes de comida, de guisos, entrantes y postres. Pero no va a ser así. Porque la vecina de enfrente hace lo mismo todos los días, y lo único que cambia es el olor del guiso. Yo, sin tener el olfato muy agudo, me entretengo intentando identificar olores. Hoy creo reconocer el tomate y el romero. Me imagino una gran olla haciendo chup-chup, guisando una salsa que se espesa, la cocinera añadiendo sal, pimienta, romero, todo a ojo, porque no necesita recetas ni medidores.

 

Mi vecina es la típica señora con sus pantuflas y su delantal, que anda despacito y que el peso del tiempo se le nota en los hombros. Tiene movimientos pausados y muy cuidadosos. Vive en el primero y tiene un bonito patio que veo directamente desde mi terraza. Su cotidianidad me atrapa, la tranquilidad que emana, su rutina perfecta, su soledad…

 

El otro día la vi preparar la mesa de su patio: mantel, tazas, cojines para las sillas y un montón de cacharritos. Y bien que lo merecía la ocasión porque tuvo visita. Otra señora, la vecina de otra persona, con sus mismos andares y sus mismos vestidos. Estuvieron toda la mañana en su mesa, tomando café, rodeadas de plantas.

 

Y es que no te he hablado de sus plantas. Todas las tarde sale con su manguera a regar todas sus plantas, desde árboles frutales hasta rosales y aromáticas. Lo hace despacio, con movimientos precisos, buscando el control exacto de cada gesto. Luego moja las paredes, yo intuyo que para que el ambiente esté más fresco. Y por último vuelve a hacer una segunda ronda de visita a todas sus plantas, quitando las hojas secas, arreglando la posición de la rama… Yo me imagino que hasta les habla. Pero eso no lo oigo, porque desde mi terraza veo su patio colorido, veo el mimo y el cuidado y huelo sus guisos. Y seguro seguro que usa sus plantas para sus guisos, y seguro seguro que es la única persona en Madrid que consigue que sus plantas no se abrasen en verano.

 

Me encantaría probar sus guisos, aprender a hacerlos y tener mi huerto en mi terraza. Mi vecina se llama Clavelina y me he decidido a ir a hablar con ella. ¿Me acompañas?

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La terraza de Clavelina

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